Esta semana Smiley repitió en la televisión cuatro tópicos económicos. El primero fue la alabanza del gasto público para salir de la crisis, dando por sentado lo que es harto difícil de demostrar: que el gasto público crea empleo. Su segundo argumento, planteado con gran autosatisfacción, subrayó la bondad de la extensión de la protección social, que sí cabe argumentar, en cambio, que crea paro o dificulta la generación de empleo, como sucede con la subida de impuestos, de cotizaciones a la Seguridad Social, del salario mínimo y de las regulaciones de todo tipo que entorpecen la acción de empresarios y trabajadores.
El tercer punto fue “la clave es confiar en nosotros mismos”, retórica populista que escamotea las responsabilidades políticas: si no hay confianza es por el intervencionismo de las autoridades, no porque los españoles nos hayamos vueltos irracionalmente recelosos y necesitemos con urgencia que el Gobierno nos recorte aún más la libertad y el dinero para poder salir adelante. Finalmente, el cuarto tópico fue el llamamiento al consumo y el endeudamiento, que parece de sentido común cuando en realidad está lejos de serlo. Y lejos parece estar del progreso el pensamiento económico académico, político y popular, cuando tras una crisis que ha sido provocada por el estímulo artificial al endeudamiento y al consumo, lo único que se les ocurre o se les recomienda a los gobernantes es más de lo mismo.
Articulo recogido en "La Razón" 01/02/09

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